lunes, 22 de enero de 2018

EL PROBLEMA DE SENTARSE EN W


‘Sentarse en W’ es un término utilizado para describir una posición en la que el niño se sienta sobre su culito, con los pies colocados a los lados y en la que, si miramos desde arriba, las piernas del niño forman una figura de ‘W’. 




El niño se sienta sobre una base de sustentación más amplia, lo que le permite mantener la postura sin realizar mucho esfuerzo, y no activar tantos grupos musculares como en otras posiciones. En la postura de sedestación en W, las articulaciones de las cadera, las rodillas y los tobillos se encuentran en el mismo plano, lo cual puede provocar una serie de implicaciones ortopédicas y anatómicas que explicaremos más adelante.

Esta postura puede ser utilizada tanto por niños con desarrollo típico, como por niños con problemas neuro-motores; sin embargo, es más perjudicial en estos últimos, puesto que tienen menos herramientas para desarrollar otras posturas más recomendables a la hora de jugar sentados en el suelo.

La adquisición de esta postura para sentarse en el suelo se puede relacionar con la posición que adoptan los niños que pasan por la UCI neonatal y que están deprimidos neurológicamente, es decir, que tienen una menor capacidad de realizar movimientos espontáneos. Esta postura es llamada de ‘rana aplastada’, y en ella el niño se encuentra boca arriba o boca abajo, con la pelvis, muslos, rodillas, piernas y pies en el mismo plano, al igual que en la postura de ‘W’. Además, las rodillas están adelantadas con respecto a la posición de las caderas, a los lados del abdomen, formando una figura de ‘W’ también.




Como dijimos anteriormente, el uso continuado de esta postura puede provocar una serie de implicaciones anatómicas y ortopédicas perjudiciales, que influyen en las estructuras de los miembros inferiores en cadena. Comenzando por la cadera, esta postura las coloca en el límite de la rotación interna, pudiendo aumentar el riesgo de luxación de cadera, sobre todo si hay un diagnóstico de displasia de cadera o de parálisis cerebral. Continuando con el fémur, puede producir un aumento de la antetorsión femoral del tercio superior de los fémures. Esto puede influir en la marcha de los niños, que caminarán con las rodillas y los pies orientados hacia adentro, aumentando las probabilidades de que el niño tropiece. 
En cualquier caso, deberemos tener precaución si queremos corregir la forma de caminar de los niños o adultos con antetorsión femoral, puesto que, si la deformidad está instaurada, estaremos posicionando la cabeza del fémur de manera incorrecta.

En la rodilla puede provocar una distensión de las estructuras ligamentosas de la parte interna, además, somete al tendón rotuliano a tracciones prolongadas, lo que puede llevar a una inestabilidad de la rodilla. La tibia gira en rotación externa, provocando un aumento de la torsión de la misma. Este hecho, junto con el mencionado anteriormente, está asociado con la aparición de dolor en las rodillas, el cual puede empeorar después de un día especialmente activo o durante picos de crecimiento. Finalmente, esta posición coloca el pie en una posición de valgo, que se caracteriza por una desviación del talón hacia la parte interna, aumentando las probabilidades de desarrollar un pie plano-valgo.

En cuanto a las estructuras musculares, el uso continuado de esta postura en niños con problemas neuro-motores puede llegar a provocar un acortamiento de ciertos grupos musculares como los isquiotibiales, los aductores y los flexores de cadera.
Es difícil prevenir esta postura en los niños, pero es posible realizando los cuidados posturales necesarios en la UCI neonatal y en casa, después de darles el alta. 

Para aprender más sobre estos cuidados podéis ver este vídeo en el que se explican:



Una vez que observamos que esta postura es la preferencial en nuestros niños debemos hacerles conscientes, en el caso que sea posible, de lo perjudicial de la misma, y corregirla tanto verbal como físicamente, colocando al niño en una postura más adecuada. 

Esto puede reducir el número de veces que el niño se siente, pero no conseguirá que termine de manera definitiva de utilizar la postura en W.


También debemos ofrecerle al niño la oportunidad de sentarse de otras maneras, para lo cual necesitará práctica y ayuda al principio para desarrollar el control postural y la fuerza necesarias para mantener estas posturas. Algunas de las posturas alternativas podemos verlas a continuación:




En el caso de aquellos niños con dificultades neuro-motrices que solo puedan sentarse en W cuando están jugando en el suelo, existen ciertos dispositivos ortopédicos que mantendrán sus estructuras anatómicas en una posición correcta y les permitirán jugar libremente. Estos dispositivos son el conejito trotador y el asiento pélvico.






Gracias a ellos podremos conseguir que el niño participe y se relacione con el entorno, al mismo tiempo que se disminuye la probabilidad de que aparezcan las deformidades óseas.


En definitiva, es importante vigilar la manera en la que se sientan nuestros niños para poder evitar que se posicionen en W. Y además darles las herramientas necesarias para que se sientan cómodos en otras posturas más beneficiosas y, finalmente, buscar asesoramiento y tratamiento fisioterapéutico en los casos en los que haya sospecha y riesgo de padecer todas las implicaciones perjudiciales que hemos comentado anteriormente.




Marta Domínguez Leandro
Fisioterapeuta
CIVET

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